Una chica sale de un edificio, ensangrentada, tapada con una gabardina verde, y deambula sin rumbo por las calles de Nueva York. La imagen retrocede seis meses antes y aparece la misma chica, recién licenciada, que busca trabajo como abogada en los mejores bufetes de la ciudad. Su nombres es Ellen (Rose Byrne), es guapa, inteligente, trabajadora y quizás un poco ingenua... Y hasta aquí el inicio de "Daños y perjuicios, "Damages" en su versión original. Y ya te han enganchado a la serie, porque ¿cómo Ellen, tan mona ella, va acabar llena de sangre, vagando por la calle sin saber a donde ir hasta que la detiene la policía? ¡Es un gancho estupendo! Si un episodio piloto, además de presentar personajes, tramas y estilo, debe enganchar, "Daños y perjuicios" lo consigue con creces. Y lo mejor es que el nivel no baja en toda la primera temporada.

La serie se estructura en dos tiempos, pasado y presente. En el pasado se narra como Ellen empieza a trabajar para Patty Hewes (Glenn CLose), en el momento en que su bufete está llevando un caso contra un empresario (Ted Danson) que ha estafado a sus trabajadores. Y no cuento más. Es una historia de poder, de ambición, con un único lema "el fin justifica los medios". Y ahí está Glenn Close, en medio de todo, la mala malísima, pero con una elegancia que desborda. No por nada ganó un Globo de Oro a la mejor interpretación el año pasado.

Una pequeña obra de arte televisiva, con un guión, unos diálogos y una interpretación que te atrapan desde el minuto cero. Amantes de la ficción televisiva... ¡no os la podéis perder! Yo mientras, me quedo esperando la segunda temporada.